

En 1999 el Ecuador vivió una de sus peores crisis económicas, que produjo el empobrecimiento de grandes sectores de la población. La caída de precios del petróleo, la crisis bancaria, la inestabilidad política agravada por los altos grados de corrupción afectaron a la vida de muchos ecuatorianos.
Dicho empobrecimiento obligó a que buscaran alternativas laborales fuera de su propio país, cuando ya han decidido emprender el viaje, enfrentan situaciones difíciles con sus hijos, a nivel emocional, sin embargo mejora la calidad de vida, a nivel económico, porque 40% de la población ecuatoriana se beneficia de las remesas, y al menos el 14%, más de un millón de personas, recibe dinero del extranjero.
Hablar de migración es también hablar de cultura e identidad comunitaria, de tradiciones, de cultura religiosa y no solo de divisas y economía nacional. Es tan importante el factor cultural que quizás a través de él podríamos entender la política migratoria.
Sin embargo, no solo es decisión del migrante como individuo, ni de su comunidad de origen, podemos observar que en cuanto a las características culturales y la identidad comunitaria, son descartadas, visiones del pasado que no tienen significación para la cultura hegemónica.
Y sin embargo, esto es inevitable. A pesar del discurso del libre flujo de personas y capitales que acompaña a la globalizacion, la segunda parte del paradigma no acaba de cumplirse, transformándose así el proceso migratorio en un fenómeno excluyente y estigmatizante desde el primer mundo hacia los países expulsores.
De aquí la importancia de que perdure y se mantenga en el tiempo la fiesta del santo patrono, la Diablada de Píllaro en Tungurahua; Juego de Reyes en Esmeraldas; la Fiesta de la Yuca en Pastaza; la Candelaria en Carchi; El Carnaval de Guaranda; el Ritmo del Chota en Imbabura y Carchi; Kasama en Santo Domingo de los Colorados; la fiesta de la Chonta, el Corpus Cristi, etc, que riqueza cultural, Todo lo ecuatoriano parece demasiado pobre, moreno, “folklórico”, atrasado, tercermundista, visto desde los ojos del primer mundo. El problema es cuando somos los mismos ecuatorianos quienes nos allanamos a ese enfoque, es decir, cuando los tercermundistas nos vemos a nosotros mismos desde la mirada del gringo o del europeo.
Existen tres millones y medio de Ecuatorianos que viven fuera de nuestro país, y aunque mayoritariamente su “inclusión” en el primer mundo ha sido o está siendo, de hecho, marginal, el contacto con otras realidades ha redefinido costumbres, intereses y modos de ver la vida, no sólo en las comunidades ecuatorianas enclavadas en los países receptores, sino en la mismísima sociedad ecuatoriana en general.
La migración, es parte de la historia de la humanidad. Desde el hombre primitivo, los antiguos egipcios, hasta ahora nuestros compatriotas ecuatorianos, esto es lo que somos ahora: fusión, globalización, mezcla de culturas, mestizos, cholos, longos, gringos, europeos.






Que difícil es, cunado las cosas no va bien,